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* Por Fernando Moreno, Director de Desarrollo de Negocios | Transformación Digital | Administración de Riesgos, FICO

La inclusión financiera ha sido, y sigue siendo, uno de los grandes caballos de batalla en América Latina para las instituciones financieras.

En la última encuesta de Global Findex 2017(1) se aprecia una gran disparidad en la región, encontramos países como Colombia, Chile o Brasil, que tienen más del 70% de la población, con una cuenta bancaria desde hace más de 15 años; mientras que otros países como México, Nicaragua o Ecuador, oscilan en un rango más bajo, entre el 30% y 40%.

En Octubre del 2020, una investigación realizada en conjunto por Americas Market Intelligence y Mastercard(2), mostraba que casi 40 millones de personas se habían bancarizado en los últimos 5 meses, en pleno apogeo de la pandemia, lo que supone según datos del Banco Mundial, un 11% de la población adulta.  Programas de ayuda gubernamentales como el Coronavoucher (Brasil), Ingreso Solidario (Colombia) o Ingreso Familiar de Emergencia (Argentina) forzaron a estos usuarios, que previamente utilizaban solo efectivo, a abrir una cuenta bancaria para poder recibir los ingresos de auxilio. Este empuje de la pseudo-bancarización, que ha propiciado la pandemia, es una de esas pocas cosas positivas que nos dejan las crisis y que debemos aprovechar.

Pseudo-Bancarización

Hablamos de pseudo-bancarización porque si bien el hecho de tener una cuenta corriente implica “bancarización”, no necesariamente implica el uso de productos financieros o acceso al crédito, que es realmente el objetivo final.

A lo largo de muchos años, el proceso de bancarización de este segmento de la población ha consistido precisamente en eso, dar los primeros pasos sin ofrecer una continuidad.

Antes de la era digital, eran los propios agentes de campo los que visitaban a estos clientes con toda la documentación en papel necesaria para conseguir la firma y apertura de la cuenta. ¿Qué ocurría después? Lo evidente, que no se utilizaba. Para cualquier operación había que recorrer una distancia demasiado grande y/o los procesos de otorgamiento de crédito eran demasiado pesados, con resultados negativos en la mayoría de las ocasiones. El resultado: Mejor seguir trabajando con efectivo.

En la era digital, parte del proceso manual ha sido automatizado y es posible realizar apertura de cuentas desde dispositivos móviles. Siendo así, ¿por qué la bancarización no ha aumentado proporcionalmente? La respuesta implica la repetición del mismo error de la era pre-digital, no hay continuidad a la apertura de la cuenta, no se ofrece una experiencia financiera completa.

Bancarización es un proceso con principio, pero sin fin

Nos encontramos en un momento único para conseguir la bancarización real de la población de América Latina, y estos son los motivos:

  • La pandemia ha sido un catalizador para que muchos consumidores den el paso de abrir una cuenta bancaria, donde, cómo hemos visto, se depositaban las ayudas gubernamentales. Este acercamiento debe ser aprovechado.
  • La tecnología es el gran aliado. Según datos del Banco Mundial, el porcentaje de la población con acceso a internet asciende al 78% en el promedio de países en Latino América. Esto elimina la barrera geográfica que existe en muchos países.
  • Tecnología genera datos. Hay una amplia generación de data alternativa con alto valor predictivo que puede ser utilizada para realizar evaluaciones de riesgo más fidedignas en una población sin información crediticia tradicional.

Con un entorno más favorable que nunca, es importante no repetir errores del pasado y entender la bancarización como un proceso continuo, sin una etapa final; y cuyo objetivo sea seguir avanzando con las necesidades que vayan necesitando los consumidores.

Cómo se construye el camino

Población no bancarizada y empleo informal son dos conceptos que van muy de la mano, tan de la mano, que los porcentajes por país de uno y otro son muy similares. Según la Organización Internacional del Trabajo(3),  el porcentaje de trabajadores empleados en el sector informal oscila en una escala muy baja del 23% en Uruguay, hasta el casi 85% en Bolivia, situándose la tasa media alrededor del 50%.

Es importante entender esta relación porque para poder completar la bancarización es primordial identificar las necesidades que pasan por la bancarización de estas empresas. Dentro de las principales razones que Global Findex(1) cataloga como barreras para operar en el mundo financiero están: el hecho de que se tiene poco dinero, la no necesidad de tener una cuenta, la falta de confianza, el exceso de documentación o el alto costo de tener una cuenta. Algunas de estas razones son reales y otras son meras percepciones que afectan de igual manera a la hora de mantenerse fuera del sector financiero.

La cantidad de información alternativa, estructurada y no estructurada, que se genera hoy en día por todo tipo de aplicaciones y canales, es una valiosa fuente adicional para aumentar el área de certeza en la otorgación de créditos. Relacionar datos, obtener información de ellos, generar características de alto valor predictivo, que ayuden a la reducción de la zona gris de riesgo de crédito, que siempre ha supuesto un obstáculo para la banca tradicional. Es posible y así lo han entendido muchas Fintechs que se centran exclusivamente en este sector, ofreciendo servicios que sortean los paradigmas, reales o percibidos, sobre el mundo bancario.

Otro aspecto muy relevante es la educación financiera, de la que generalmente carece este tipo de consumidor. Sin un conocimiento básico de lo que significan los productos financieros, es difícil confiar en ellos y llevar una buena salud financiera. Además, la vergüenza de interactuar con otra persona física, haciendo preguntas básicas es una barrera adicional. La tecnología, en este sentido, permite educar de forma sencilla, amigable y más impersonal, consiguiendo de forma mas eficiente el objetivo de transferir el conocimiento al usuario final. Cuanto mejor se entiende algo, más propenso es a utilizarlo.

Por último, y sin por ello ser menos importante, una vez eliminada la barrera geográfica, gracias a los avances tecnológicos y al amplio uso de Internet, no se debe caer en el error de crear otras barreras artificiales en la comunicación con nuestros clientes. La capacidad de mantener una conversación Omnicanal, a lo largo de cualquiera que sea la interacción, es el elemento que culmina los aspectos para la construcción de un camino completo de bancarización. En el mundo digital, mantener una conversación significa que el consumidor es capaz de tener una experiencia completa y agnóstica del canal utilizado, para conseguir el servicio que necesita.

(1): https://globalfindex.worldbank.org/

(2): https://www.mastercard.com/news/latin-america/es/sala-de-prensa/comunicados-de-prensa/pr-es/2020/octubre/la-digitalizacion-en-america-latina-40-millones-de-personas-se-han-bancarizado

(3): https://es.statista.com/grafico/24764/nivel-de-informalidad-laboral-en-latinoamerica

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